Definitivamente, la inspiración la da el sufrimiento.
Algo que nunca vas a querer entender ni creer. Es más, después de asegurarlo, yo también me niego a creerlo. Pero a día de hoy puedo demostrar que llevo un año y diez meses sin inspiración, y justo es hoy (no cualquier día) cuando me atrevo a enfrentarme de nuevo a mis propias letras. Esta vez, la inspiración solo ha venido cuando he aceptado el dolor.
Nadie podrá decirme nunca que la inspiración llega feliz. Ella solo es una amiga bastante bastarda que nunca está y solo aparece cuando necesitas escapar. Puede llegar a ser tan inútil como la razón: ambas nunca entienden nada. Pero con ellas o sin ellas, puedo decir que es hoy cuando escribo porque es hoy cuando sufro y escapo, y cuando puedo afirmar que solo los sufridos son eternos, porque para que una historia sea historia, debe ser contada, pero nunca será contada una historia si no contiene lágrimas.
Nadie escribe una historia sin lágrimas en los ojos y yo apenas puedo ver las letras.







