jueves, 9 de enero de 2014

#9

Me atreví, confiada, pensando que acabaría, que pronto las perdices se esfumarían, que las hadas se cansarían de habitar un lugar tan estúpidamente agradable y volarían en busca de imperfecciones, no para perfeccionarlas sino para darles un sentido. Me atreví, valiente… Pensando que las mariposas ya llegaron con pocos polvos y que pronto cesarían su vuelo, desapareciendo todas y cada una de ellas, dejando en su lugar ni las ganas que había antes de su casi equívoca presencia, convirtiéndolas en una historia más, en un hecho del pasado, en una anécdota que contar, en palabras, en aliento, en aire…

Entonces ocurrió, no sé ni cuándo, ni cómo, ni quién. Pero me da la entera sensación de que alguna Campanilla se ha dedicado a echarle polvos a las mariposas, que las hadas han anulado su próximo viaje y que aún quedan perdices por comer…

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