jueves, 9 de enero de 2014

#10

Que no te preocupes, que yo no me canso, que me da igual lo que me rodee si te tengo a mi lado, que siempre aprovecharé hasta el último rincón para verte y nunca dejarán de faltarme rincones…

#9

Me atreví, confiada, pensando que acabaría, que pronto las perdices se esfumarían, que las hadas se cansarían de habitar un lugar tan estúpidamente agradable y volarían en busca de imperfecciones, no para perfeccionarlas sino para darles un sentido. Me atreví, valiente… Pensando que las mariposas ya llegaron con pocos polvos y que pronto cesarían su vuelo, desapareciendo todas y cada una de ellas, dejando en su lugar ni las ganas que había antes de su casi equívoca presencia, convirtiéndolas en una historia más, en un hecho del pasado, en una anécdota que contar, en palabras, en aliento, en aire…

Entonces ocurrió, no sé ni cuándo, ni cómo, ni quién. Pero me da la entera sensación de que alguna Campanilla se ha dedicado a echarle polvos a las mariposas, que las hadas han anulado su próximo viaje y que aún quedan perdices por comer…

viernes, 20 de diciembre de 2013

#8

¿Echar en falta algo que nunca has tenido? Me pregunto si es posible. ¿Será que simplemente no encuentras una definición a eso que sientes? Quizá no tenga una definición y solo se encuentre en tu interior, quizá no haya que definirlo… Quizá es que hay que solucionarlo. A lo mejor la solución es paciencia… ¿O acaso hay que buscar? No, ni hablar… Buscar te situaría en el punto de partida, o incluso te haría de cangrejo. Paciencia.

No busques, él te está encontrando. No pienses, él no atiende a razones. No te des por vencido, él nunca lucha. No impacientes, él ya está en tu puerta. No la abras, se esconderá. No mires, él no existe. No imagines, no tiene color. No sientas, aún no. No respires. No hagas nada, él decide…

Un instante, un minuto, un segundo… Llegó el momento: actúa, busca, espera, desespera, piensa, mira, vence, imagina, respira, siente, abre... Llaman a tu puerta. Apunto de tentarte al primer beso… Te acorrala. Quieres darte cuenta… Demasiado tarde. Te ha inundado. Y un murmullo, y un susurro…: "Adelante, es tu turno".


…y por fin.

domingo, 1 de diciembre de 2013

#7

       Que suceda ya o morir. Son mis sentimientos pero no depende de mí. Y aun así, solo puedo ser yo la única responsable… Toda la carga cae sobre mi espalda, todos los remordimientos sobre mi conciencia y todas las excusas se adornan con mi voz. Los sentimientos están locos y más caprichosos que nunca, pero actúan siempre bajo mi silueta; ¿su lema? Egocentrismo. Lástima que el día no dure eternamente, que la noche no espere a nadie y que me niegue a perder más estrellas fugaces. Haced un jaque o moved ficha de una maldita vez; no me manipuléis, sé que este no es mi turno, pero no prometo aguantar siempre sin destruir el tablero. Mi juicio puede ser fuerte, no de acero y la incertidumbre ya está haciendo grietas.

       Ahora o nunca, que continúe el juego. Ahora, que aún me quedan fuerzas para seguir sufriendo; ahora, que, por primera vez en mi vida, estoy preparada para pasarlo mal. Es más, os aseguro que algún día seré yo quien sonría y os deje en jaque mate, pero el ritmo de la vida no me quiere esperar y no permite distracciones. No cabe el tiempo, así que, por favor… ¡Que suceda ya o morir!


jueves, 21 de noviembre de 2013

#6

No te creas importante
solo por aparecer en mis letras.
Compones parte de mi vida,
pero igual que a ti,
podría haberle tocado a otro tu papeleta.
Soy persona corriente,
sin más recurso que plasmar
 lo que tiene en su mente.
Y en mi mente, esencial
nuestra vida real.
No por ello te sientas especial;
no lo hago por ti,
sino por pura casualidad.

martes, 19 de noviembre de 2013

#5

        Por mucho que pienses, por mucho que te plantees, está en ti; la respuesta está en ti.
Puedes pensar que el destino está escrito, que si eliges la izquierda es porque algo o alguien lo había previsto, y si te da por elegir la derecha para demostrar que mandas tú, es porque realmente así debía ser. Movieron tus hilos, manipulándote, con el engranaje de la vida como único desenlace. No existe manera de escapar de la incertidumbre y solo resta dejar que elijan tus ganas, ignorando que, quizá y solo quizá, hay un titiritero dibujando humo a tus espaldas. Un titiritero al que no tienes por qué tener en cuenta, unos hilos que no se hacen notar y un supuesto mecanismo que te acompañará, en extremo silencio, hasta tu sepultura. 

        La otra ocurrencia es ignorarlo, hacerle el vacío; no hay por qué pensar en él, no hay por qué tenerlo en cuenta, siempre puedes decidir que decides ser dueño de tus propias decisiones, forjar la vida con tu estilo, luchar intensamente, prometer, que te prometan, meterla y que te la metan. Nada puede salir mal, ¿qué podría pasarte? En el peor de los casos, que un maldito titiritero se esté descojonando a tus espaldas por conocer con antelación el jodido desenlace de tu historia. Pero, ¿qué más da? Si ni lo vas a sentir. Mejor cortemos de raíz: arrebata esos hilos, empúñalos y conviértelos en riendas, las riendas de tu propia vida. Quizá algún día descubras que nadie más que tú puede reírse de ti mismo.

domingo, 26 de mayo de 2013

#4

Su eterna protectora

Durante mucho tiempo, todos los días y a la misma hora, se encontraba una niña bonita e inocente asomada en un ventanal.
Su madre siempre se había dedicado a obligarla a cumplir sus obligaciones, sin darle cariño alguno durante sus catorce años; mientras tanto, su verdadera madre había velado por ella a todas horas en secreto, cuidándola con todo lo que estaba al alcance de su mano. Un día cualquiera, la niña se dirigió al ventanal más alto de la casa, donde solía reunirse con su criada para charlar y juguetear dándole forma a las nubes, usando la imaginación. Ni un día cambiaron su postura habitual: apoyadas en el ventanal, una al lado de la otra, rozando codo con codo. Cuando llegó, se percató de que, aquel día, allí no había nadie esperándola, ni siquiera había nubes en el cielo. Todas se habían esfumado con su queridísima criada, a la que nunca volvería a ver. Lo único que consiguió averiguar es que tuvo que irse de viaje y para siempre. Pese a su tristeza, la pequeña no faltó ni un solo día a la cita diaria.
Dos años después, allí seguía, jugando sola, mirando las nubes y sonriendo en silencio; ignorando que su verdadera madre había muerto y aún la cuidaba desde aquel ventanal.