Me atreví, confiada, pensando que
acabaría, que pronto las perdices se esfumarían, que las hadas se cansarían de
habitar un lugar tan estúpidamente agradable y volarían en busca de
imperfecciones, no para perfeccionarlas sino para darles un sentido. Me atreví,
valiente… Pensando que las mariposas ya llegaron con pocos polvos y que pronto
cesarían su vuelo, desapareciendo todas y cada una de ellas, dejando en su
lugar ni las ganas que había antes de su casi equívoca presencia,
convirtiéndolas en una historia más, en un hecho del pasado, en una anécdota
que contar, en palabras, en aliento, en aire…
Entonces ocurrió, no sé ni cuándo, ni
cómo, ni quién. Pero me da la entera sensación de que alguna Campanilla se ha
dedicado a echarle polvos a las mariposas, que las hadas han anulado su próximo
viaje y que aún quedan perdices por comer…