martes, 26 de marzo de 2013

#3


Puedes tirar… Tira del todo. Tira hasta ahogarme, no te la juegues, déjame sin respiración, presiona fuerte y nunca aflojes; ahí estaré yo, aferrándome a ti, empuñándote. Pero, si por casualidad alguna vez te da por ceder, si por casualidad en alguna ocasión te da por aflojar… Nunca, óyeme, nunca jamás se te ocurra volver a tensar. Habrás jugado y perdido. Se habrá roto, desaparecerá. No hay hilos, no hay nudos. Ya no existe, ya no está;

ya no estoy…

lunes, 18 de febrero de 2013

#2


Porque justo cuando lo estaba necesitando, lo sintió… Porque jamás pensó que llegaría a temerle… Porque el temor se convirtió en riesgo, y los riesgos a veces pueden parecer abismos. Porque en ocasiones los abismos no son tan enormes, y a lo mejor se pueden llegar a saltar… Porque quizá el salto podría convertirse en vuelo… Porque tenía los medios para volar; y porque se le acabaron los cojones.

#1


     ¿Qué pasaría si todo lo que tuvieses fuese bonito? Si pudieras vivir el amor, la fantasía, el lujo, la belleza… Tener a quien quieres a tu lado, tenerlo cuando lo necesitas y cuando te apetece tenerlo por simple capricho; y lo más importante, tenerlo para ti sola…

Sempre amb tù.
     Imagínate que estás en un campo: es de noche, hay césped -limpio, como el de las pelis- y no hay nada más a tu alrededor; bueno, sí…: Las estrellas. Te gustan, te encantan, las admiras, quieres ser una de ellas. ¿Por qué están ahí? ¿Por qué estás tú aquí? No lo sabes, pero tampoco te importa en este momento. De repente, miras a tu izquierda y te imaginas a la persona más especial del mundo, a la que más idolatras, a la que necesitas a tu lado, a la que alguna vez quisiste más que a todo; o a la ideal que ronda tu imaginación y aún no existe pero lo hará algún día… Entonces aparece. Esa persona está ahí, a tu lado, haciéndote feliz. Te toca. Te abraza. Te acaricia. Te sopla. Te roza. Te cuida. Te mima. Te quiere… ¿Lo sientes? ¿Gusto? ¿Placer? ¿Quieres más? Él te lo dará todo, hasta el último suspiro. Hasta que tú decidas decir “basta”.

     Cierras los ojos un instante... Los abres. ¿Qué ha pasado? ¿Y las estrellas? ¿El cesped? ¿La noche? No hay nada. Lo cierto es que nunca hubo nada. Algo te hizo volar demasiado. Te encoges, tiemblas, buscas la izquierda y… suspiro; calmada, caliente, protegida… Sigue ahí. No se ha ido. Él sigue ahí, apretándote más fuerte que nunca. Y entonces te dejas vencer: has volado más alto de lo que nunca podrías haber imaginado, más que demasiado; y… ¿Sabes qué? No te has caído.